Ayer, después del decepcionante anterior programa con el maestró Pablo González, tuvimos el encuentro con uno de los platos fuertes de la temporada. La sexta de Mahler. Excesiva (la época), grandilocuente, con ésa gestualidad desbordada, armada prácticamente a base de ritmos y timbres (curioso el duelo entre las campañas de la iglesia y el cencerro de las vacas), muestra al autor más sincero pero más calculador, explotando el pathos romántico hasta la extenuacion (el ridículo).
Aunque la interpretación fluyo correctamente, no pasó da ahí. Es en estas "malas versiones" dónde mejor se puede leer para el lego la partitura. Y sí que hubo momentos brillantes: el remate del primer tiempo en un intenso acorde silencio. El increíble control de la dinámica en el segundo tiempo. Son buenos ejemplos que seguimos adelante con un Artista y no con un simple técnico.
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